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Las Relaciones Públicas del Opus Dei

Demonizado por ?El Código Da Vinci?, el Opus Dei decide tomarse las cosas con calma

Juan Manuiel Mora, gurú de las comunicaciones del Opus Dei, está intentando romper la mala racha. El grupo católico, cuyo nombre significa "obra de Dios" en latín, está imitando las tácticas de una compañía global amenazada por un escándalo público. Mora dice que su equipo de expertos en relaciones públicas del Opus Dei ha creado una estrategia para "hacer de los limones, limonada". La intención es convertir la publicidad negativa en una buena oportunidad de marketing para publicitar sus creencias y sus obras de beneficencia.

En marzo de 2003, Mora, director global de comunicaciones de la organización católica Opus Dei, visitó Nueva York. Durante un paseo con un colega por la Segunda Avenida de Manhattan, le llamaron la atención los ejemplares de un libro titulado El Código Da Vinci, en la vidriera de una librería. La novela, que muestra al Opus Dei como una secta siniestra con gusto por el asesinato y el masoquismo, acababa de ser publicada.

El asistente de Mora ya entonces presintió problemas en el futuro, pero Mora le dijo que no había nada de qué preocuparse. "Las pesadillas no duran mucho", recuerda haber respondido. "Te despiertas al día siguiente y te olvidas de todo lo que ha sucedido".

Tres años después, la pesadilla continúa. Y empeoró esta semana con el estreno mundial de la película de Sony Pictures Entertainment basada en el libro de Dan Brown. La novela ha molestado a muchos cristianos, particularmente a los católicos, al promover la teoría de que Jesús tuvo relaciones sexuales antes de ser crucificado y que tuvo hijos con María Magdalena. La novela ha vendido más de 40 millones de ejemplares.

Mora, gurú de las comunicaciones del Opus Dei, está intentando romper la mala racha. El grupo católico, cuyo nombre significa "obra de Dios" en latín, está imitando las tácticas de una compañía global amenazada por un escándalo público. Mora dice que su equipo de expertos en relaciones públicas del Opus Dei ha creado una estrategia para "hacer de los limones, limonada". La intención es convertir la publicidad negativa en una buena oportunidad de marketing para publicitar sus creencias y sus obras de beneficencia.

El Opus Dei, que está mayormente compuesto por laicos pero también incluye a algunos sacerdotes, ofrece una variante estricta del catolicismo. Pide a sus miembros que extiendan el espíritu de la misa del domingo en sus vidas cotidianas con oración frecuente y buenas acciones.

La organización, que tiene cerca de 85.000 miembros en todo el mundo, ha abierto sus centros locales a la prensa y el público. Ha publicado artículos y cuadernillos en los que explica su propósito y refuta lo que considera distorsiones grotescas por parte de Dan Brown. También ha rediseñado su página Web (opusdei.org). Las visitas al sitio han subido de 674.000 en 2002, el año anterior a la publicación del libro, a 3 millones el año pasado.

Mora ha brindado sus conocimientos a una organización que cuenta con una reputación de ser misteriosa. Fundada en 1928 por el sacerdote español Josemaría Escrivá de Balaguer, el Opus Dei ha sido acusado de apoyar dictaduras tanto en España como en América latina y de lavarles el cerebro a sus miembros.

La imagen ficticia que presenta El Código Da Vinci es aún peor. Uno de los personajes principales del libro es Silas, un monje albino y homicida, miembro del Opus Dei y a quien le gusta autoflagelarse. La organización no cuenta con monjes entre sus miembros.

Un detalle verídico del libro que ha sido problemático para el Opus Dei es el cilicio, una cadena con púas que se ata alrededor del muslo y se usa para la automortificación.

En el libro, Silas usa un cilicio. La mayor parte de los miembros, conocidos como supernumerarios, no usan cilicios en la vida real. Pero los numerarios, devotos completos que toman votos de castidad y viven en casas del Opus Dei, sí lo hacen. La idea es que el dolor causado por el cilicio recuerda a su portador el sufrimiento de Cristo en la cruz. "El famoso cilicio es extremadamente agobiante desde el punto de vista de las relaciones públicas", admite Marc Carroggio, jefe de prensa del Opus Dei en Roma.

Cuando El Código Da Vinci fue publicado, el Opus Dei esperaba poder ignorarlo, convencido de que hablar al respecto sólo impulsaría las ventas. Pero cuando Sony Pictures compró los derechos para la película, Mora y sus colegas comenzaron a movilizarse buscando suavizar la imagen presentada por el film.

A principios de 2004, Thomas G. Bohlin, máxima autoridad del Opus Dei en Estados Unidos, escribió una carta a Sony para pedirle que no se usara el nombre del grupo en la película. Luego, el grupo publicó una carta abierta a "los accionistas, directores y empleados de Sony" en la que le pedía a la compañía que incluyera un mensaje al principio de la película que dijera que la cinta estaba basada en un trabajo de ficción. La respuesta de Sony fue negativa.

Mora, quien había dictado varios cursos de manejo de crisis, estaba familiarizado con los principios básicos de los desastres de relaciones públicas. Se dio cuenta de que el Opus Dei no debería guardar silencio, un error que cometió la Iglesia Católica durante el escándalo de abuso sexual de niños en EE.UU.

Pero las soluciones más conocidas para estos problemas sólo tienen un valor limitado para una organización religiosa, dice Mora. El Opus Dei no tiene un producto que pueda retirar de las estanterías y vender después con otra imagen.

En abril de 2004, funcionarios y miembros del Opus Dei comenzaron a conceder entrevistas que han aparecido en libros, en un documental de History Channel y la revista Time. El grupo también ha publicitado la existencia de un "Silas real", Silas Agbim, un corredor de bolsa nigeriano y miembro del Opus Dei que vive en Nueva York. "Si usted toma todos nuestros defectos, no alcanza a ser tan malo como la odiosa representación que se hace de nosotros en esta película", dice Mora. "Nada es tan malo como Silas".

Por eso, mientras algunos grupos católicos boicotean la cinta y amenazan con presentar demandas, el Opus Dei está promoviendo su trabajo calmadamente y presentándose como una víctima de Hollywood. En vez de generar polémica, quiere que la película sea vista como algo irrelevante.

Profesionales de relaciones públicas externos dicen que esta estrategia conlleva riesgos. "Creo que al final se les va a agriar la limonada", dice Simon Holberton, socio de Brunswick Group LLP, una firma de relaciones públicas de Londres. "Van a recibir muchas solicitudes de locos obsesionados con la supervivencia y otros a los que les gusta infligirse dolor a ellos mismos".

Por Stacy Meichtry y Andrew Higgins
The Wall Street Journal
Fuente: La Nación

Updated: 2 julio, 2015 — 10:44 pm