INGRESA A TU CUENTA
Membresía

Conozca las condiciones para convertirte en miembro de la red.

Objetivos

Infórmese sobre nuestra misión y los propósitos de la red.

Miembros

Ellos ya se unieron a la red y están disfrutando de sus beneficios.

Crisis por causas judiciales

Las empresas se ponen a prueba

con los escándalos





Los manuales de gestión se archivan

durante las crisis



Hay muchas situaciones para las que las empresas y sus empleados no
están preparadas. Pero hay una de ellas que realmente toca las raíces de
cualquier organización. ¿De qué se trata? Pues de los escándalos que
afecten a alguno de sus ejecutivos más altos.

El mundo inició la semana con el número uno del Fondo Monetario
Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, tras las rejas, acusado del
intento de abusar de una mucama que trabaja en un hotel de Nueva York.
En la Argentina hay varios ejemplos. Desde IBM, Skanska, Thales Spectrum
y Banco Nación hasta Siemens, son varias las compañías que han tenido
que lidiar con ejecutivos desfilando por los tribunales.

De hecho, la semana pasada, y tras varias veces de no ir a las audiencias a las que era convocado, un ex miembro del directorio de la alemana Siemens quedó detenido en su domicilio. Claro que no se trata de una detención por haber probado alguna inconducta del ejecutivo sino por haber faltado a las audiencias. Ahora serán los peritos judiciales los que tendrán que verificar el estado de salud -aduciría estar imposibilitado para movilizarse- para ver si puede presentarse en los tribunales o no.

¿Qué hacer? ¿Cómo moverse en un contexto tan adverso? Las respuestas varían según la especialidad del profesional. Lo que sí es necesario saber es que son casos excepcionales en los que cada movimiento puede repercutir en toda la estructura de la empresa.

En principio hay que separar varios aspectos. Por un lado, cómo tratar a los empleados. Qué y cómo decirles las cosas es uno de las principales interrogantes. Además, hay que establecer cómo se va a comunicar el caso afuera de la organización. Y finalmente, cómo se tratará al propio involucrado, qué pasará con la defensa penal y hasta cuándo conviene que permanezca dentro de la compañía.

Verónica Pages es psicóloga y directora de Germinal, una consultora en recursos humanos. Dice que uno de los principales síntomas que siente la organización es una sensación de orfandad de la gente de más años que armó su identidad alrededor de una fuente laboral, un CEO o un presidente de una empresa. «Además -agrega-está la incomodidad de la generación Y, defensora de valores como la responsabilidad social empresaria o la ecología, por ejemplo.»

Y hay algo más. Dice Pages que hay que tener en cuenta cuál es el mensaje que bajarán a su personal los ejecutivos que se queden en la empresa.

Comunicar hechos

Gustavo Pedace es presidente del Consejo Profesional de Relaciones Públicas y, según su visión, lo que hay que priorizar es la reputación de la empresa. «Ese es el activo que hay que cuidar. Y cualquier escándalo de este tipo le pega muy fuerte», sostiene.

Cuando la mirada se posa en la tropa propia, Pedace está convencido de que hay que comunicar con claridad a los empleados. «Hay que contar qué es lo que se hizo y no qué es lo que se va a hacer. Hay que comunicar hechos», explica.

Pero hay una punta más a la que hay que atender que tiene que ver con la defensa penal del involucrado. «En general, se intentará salvar la imagen pública de la empresa y quienes hubieren estado encargados de las acciones ilícitas que se ventilan, siempre que estén identificados, seguramente serán apartados de la empresa», dice María Eugenia Talerico, abogada penalista del estudio Fernandez Alonso, Beccar Varela & Richards.

Muchas veces, explica Talerico, a los que son apartados de las organizaciones se les suele asegurar cobertura legal y colaboración para seguir con el caso. «Hay casos en que los directivos que han sido apartados por hechos en los que resulta investigada la persona, pero también la compañía tienen dudas sobre el actuar de letrados que son recomendados e incluso solventados por la empresa», dice Talerico. En general, los abogados defienden a quién les paga. Y en este caso, abona la compañía.

Por Diego Cabot para La Nación